Diseñar los escaparates es una de las actividades más creativas de todas las tareas cotidianas de la librería. Somos afortunadas de tener un espacio de nueve metros de largo, con vistas al mar, donde podemos desarrollar toda nuestra creatividad. Nos gusta enfrentar nuevos retos, buscar materiales diversos y explorar sus posibilidades.

A principio del verano nos propusimos un reto: crear un dragón de tres metros.

¿Quieres saber cómo fue el proceso creativo?

Fotografías de Roberto Molero

En esta ocasión, todo surgió de un catálogo de papeles decorativos para pared. Me gustaban los tonos y las texturas, los brillos irisados de algunas me recordaban al aspecto que siempre había imaginado desde niña que tendrían las escamas de los dragones. Después de leer La historia interminable y El Hobbit, me enfrasqué en la serie Dragonlance, donde estos animales míticos y majestuosos, dorados, rojos, plateados, negros o azules, surcaban el cielo batallando o recorriendo largas distancias.

La idea era crear un dragón que tuviera un aspecto similar al cuélebre y que ocupase una parte importante del espacio. Con tres metros de largo de malla de gallinero y con ayuda de Maya Gutiérrez (gracias, Maya), empezó la tarea de cubrirla con papel de periódico empapado en cola para crear un cuerpo de papel maché con cierta consistencia pero sin que pareciera demasiado rígido. Recorté las escamas una a una, con forma similar pero sin plantilla para darle también un aire más natural y fui pegándolas con silicona, creando la piel.

Fotografías de Roberto Molero

La cabeza era todo un reto. Yo nunca he estudiado nada relacionado con el arte y me daba pánico que después de todo el trabajo, no resultara creíble. Hice la estructura de la cabeza y Maya acudió otra vez en mi ayuda: modeló lo dientes y la lengua, pegó con paciencia las pequeñas escamas y fue dándole realismo y espíritu a este ser que ahora te observa desde dentro de la librería.
Para las alas acudimos a un vídeo de Yvonne Williams que explica de forma sencilla cómo hacer la estructura. Y Beatriz Sanjuán acudió en mi ayuda (gracias Beatriz) para los toques finales de la boa de plumas (que resuelve el problema de la unión entre la cabeza y el cuerpo) y el papel plateado para terminar las alas.

En fin, reto superado. Supongo que todo consiste en tener suficientes ganas de tener un dragón como mascota… y como Spoty Six, atreverse a cumplir un sueño: cabalgar a lomos de Sur Kan, hijo de Luu Kan, descendiente de Fujur.

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